domingo, 18 de diciembre de 2011

El arte de seducir. Capitulo I. Estimaciones.

Capitulo I. Estimaciones.
Antes de dar comienzo a la seducción es necesario realizar ciertas estimaciones que nos orienten sobre si el momento es el adecuado o no. Antes de nada, deberemos tener en cuenta las influencias emocionales, el clima, el terreno, el mando y la doctrina.
Con influencias emocionales me refiero a valorar no solo el momento emocional en al que nos sentimos nosotros, sino el estado emocional en el que se siente la otra persona. Por muy alta que sintamos nuestra autoestima o por poderosos que nos sintamos en un momento dado, toda la fuerza y la energía que seamos capaces de desplegar en ese momento será inútil, o peor, contraproducente, si el estado emocional de la otra persona se encuentra bajo mínimos o si su atención se halla inmersa en otros asuntos.

Un buen ejemplo podría ser imaginarnos en ese momento en el que nos sentimos capaces de todo, y sin embargo, la persona a seducir se encuentra con las emociones centradas en algún problema grave, sea familiar, laboral o personal. Ese, no sería un buen momento para seducir.

Tampoco quiero que parezca que cuando la persona a seducir tiene la atención centrada en problemas,  el momento emocional no es propicio. Tenemos que ser capaces de evaluar el grado de receptividad que puede tener y detectar cuando nuestras estrategias corren el riesgo de caer en saco roto, sencillamente porque la hemos encontrado con el paso cambiado o más receptiva a una sencilla charla divertida y cómoda que a un intento de seducción. Si somos capaces de dominar ese momento y actuar en base a su momento emocional, lo más probable es que hayamos esquivado la posibilidad de echarlo todo a perder, mientras hemos creado la situación propicia para una futura nueva oportunidad.

Debemos ser capaces de captar, intuir y empatizar con las emociones de los demás, buscando así determinar cual es el momento idóneo para comenzar a seducir.

El clima simboliza las fuerzas naturales, es decir, lluvia, viento, calor… En definitiva todos aquellos aspectos que no podemos manejar y que pueden ser fuerzas que anulen cualquiera de nuestras estrategias.

En cualquier caso, si somos capaces de tener en cuenta este tipo de elementos, no solo podremos evitar que alguna de nuestras propuestas o estrategias fracasen, sino que podremos usarlas en nuestro propio beneficio.

Soy consciente de lo místicas que pueden parecer mis palabas, sin embargo, teniéndolas en cuenta, quizás podremos evitar una negativa a una propuesta para salir una noche de lluvia intensa, cuando lo que más apetece es quedarse en casa bajo una manta y cambiarla por una invitación para el día siguiente cuando luzca el Sol y el deseo de pasear y salir a la calle sea mucho mayor.

Cuando hablo de tener en cuenta el terreno, me refiero no unicamente a las distancias que nosotros deberemos salvar, sino a las que ella deberá recorrer también. No solo para poder encontrarnos, sino las distancias y el terreno que compartiremos en nuestro encuentro.

Creo que para esta situación debo poner varios ejemplos: Tener en cuenta el terreno puede ser necesario en más de una ocasión, pero cuando debemos hacer un viaje especialmente largo, se trata de un elemento a valorar especialmente, ya que al bajar del coche, tren o avión, nuestro aspecto distará mucho del que teníamos al salir de casa, por lo que será bueno tener en cuenta que unas horas de descanso en el hotel para asearnos y volver a estar presentables podrían marcar esa sutil diferencia entre el éxito o el fracaso.

Como ya he dicho, no me gustaría que mis palabras se tomaran al pie de la letra ya que, como se comentará más adelante, la improvisación es un elemento esencial en la seducción. Por esto, sino existe la posibilidad de descansar en un hotel o en algún lugar cómodo, parar en una gasolinera o cafetería para afeitarnos, asearnos y poder cambiarnos, también es una buena opción.

Es evidente que si el ansia del encuentro nos ha precipitado a no tener en cuenta las distancias, perderemos la oportunidad de mitigar sus efectos en nuestra imagen.

Sin embargo, también es necesario tener en cuenta el terreno para los momentos que compartamos con la persona que deseamos seducir. Si bien no recuerdo ningún caso concreto, si se me vienen a la mente comentarios de chicas tales como:

- Menuda caminata nos dimos, ¡Y yo con los tacones!!!

- De haber sabido que íbamos a Toledo (con su centro urbano empedrado) ¡No me habría puesto tacones!!!!

- Iba yo tan mona con mi vestidito y nos pasamos la noche paseando de Pub en Pub, ¡Creo que no he pasado tanto frio en mi vida!!!!

Como resumen diré, que no tener este aspecto debidamente en cuenta, puede cambiar la sensación de “sentirse a gusto”, a una verdadera pesadilla.



Cuando hablo de mando, me refiero a nuestra capacidad para hacernos con el control de ciertas situaciones. Esto no quiero decir que debamos ser personas autoritarias o ser capaces de dominar todas las situaciones a las que nos enfrentemos, sino a ser conscientes de nuestras capacidades y de nuestras limitaciones en este sentido.

Cuando tenemos un encuentro con la persona a la que queremos seducir, éste, se puede desarrollar en infinidad de situaciones distintas y lo que debemos evitar bajo cualquier circunstancia es que esa persona se sienta incomoda.

Si la invitamos a compartir una velada con nuestros amigos, debemos ser capaces de controlar todas las situaciones que se puedan dar, como por ejemplo que nuestros amigos se pasen con la bebida y se pongan a bailar Paquito el chocolatero en algún lugar elegante, por supuesto, siempre que esa situación te incomode a ti o a la persona que deseas seducir, si os gusta y os divierte, ¡Adelante!!!
Pero si no es así, has de tener la capacidad suficiente como para que no sea necesario aguantar esa situación, bien siendo capaz de frenarla o con una educada disculpa que os permita escabulliros de ese local.

Cualquier cosa, antes de encontrarte ante una situación en la que por falta de dominio, debas quedarte, esto te hará sentir mal a ti, y a tu pareja en ese momento.

En cualquier caso, es muy importante puntualizar, que cualquier mando, ha de ser siempre ejercido con una refinada educación. No hay manera más sencilla de tirar por la borda una noche de seducción que responder con malas maneras al camarero que por un descuido te ha tirado la copa encima.

Además de todo lo anterior, no debemos olvidar que el mando, mejor dicho, la capacidad de mando, o dicho de otra manera, la seguridad en uno mismo, es una cualidad muy apreciada especialmente por las mujeres. Esa seguridad, ese mando, no es necesario ejercerlo, basta con que exista, eso se percibe.

Con doctrina, me refiero a la organización y a la estrategia que deberás llevar a cabo. La seducción es un arte y como tal ha de ser cultivado, apreciado, pulcro y elegante en su ejecución. Tener en cuenta todos los condicionantes que nos vamos a encontrar en el camino, organizar nuestras estrategias, y ser capaces de dosificar nuestras ventajas sin “quemar todas nuestras naves de golpe” serán aspectos clave para nuestro éxito.

Probablemente en tus encuentros, podrás sorprender con capacidades, experiencias o aficiones, pero si lo despliegas todo en tu primera cita, perderás la oportunidad de sorprender en las próximas.

Por eso es necesario conocer y aprender a dominar con destreza las “armas” de que dispones.

Una vez conocidas y aprendidas, deberás seleccionar cuales y cómo utilizarlas y por supuesto dosificarlas. Si por ejemplo, conoces técnicas de magia, deberás decidir, si emplear el efecto sorpresa de ese recurso en una primera cita, o reservarlo para tener capacidad de sorpresa en una segunda o tercera oportunidad.

La seducción se basa en la sorpresa. Prácticamente todo el mundo busca un mismo objetivo, romper con la rutina, encontrar nuevas sensaciones o nuevas emociones, en definitiva, sorprenderse con lo imprevisto, sí, incluso aquellas personas que nos indican que necesitan tener todo bajo control. Con estas últimas tan solo deberemos de tener la precaución de hacerlas sentir que no han perdido ese control que necesitan, hacerlas sentir con seguridad.

Dominio de la atención. Dominar o ser capaces de dirigir la atención de la persona que deseamos seducir será un aspecto clave en nuestra estrategia, para ello, no solo deberemos conocer que temas pueden despertar su interés, sino conocer en cuáles de ellos nos sentimos más cómodos y dominamos mejor.

Podremos utilizar esta técnica de manera directa o indirecta, en función de las estimaciones que realicemos.

Un ejemplo de uso directo sería decirle, “voy a seducirte”, por supuesto midiendo el tono en el que se dice, serio, autoritario, simpático, divertido… Cada momento y cada persona pueden requerir uno distinto.

Un ejemplo de uso indirecto, sería centrar su atención en los viajes, deportes, o cualquier elemento que estimule su atención y mientras tanto, desplegar los “encantos” o “armas” seleccionadas de manera sutil.

Evita sus barreras. En muchas ocasiones, cuando nos disponemos a seducir, nos encontramos con que la otra persona tiene o ha levantado barreras. Es un error pretender derribarlas, sería un gasto de energía inútil, y con toda seguridad infructuoso y contraproducente.

Toda muralla tiene una grieta, debemos ser capaces de encontrarla y usarla en nuestro beneficio.

Si alguien con quien tenemos contacto telefónico nos ha dicho con firmeza que no desea quedar con nosotros, sería un error luchar frontalmente insistiendo en convencerla para una cita. Sin embargo, si aprovechamos la grieta que nos ofrece el sí poder hablar con esa persona por teléfono, haciéndola sentir cómoda, sin presionar sobre la barrera, dirigiendo su atención, bien de manera directa o indirecta, sorprendiéndola, en definitiva, seduciendo, esa muralla caerá sola y seremos nosotros quienes recibamos la proposición tan deseada.

Estimula su arrogancia, proponiendo algún juego, reto, algo divertido que haga que durante su ejecución, centre su atención en la victoria.

Si eres capaz de conseguir dejar sus murallas sin vigilancia (sus barreras sin atención) estas caerán por si solas.

Muestra tu arrogancia. Anunciar los pasos que vas a seguir, hacer notar tu seguridad en la consecución de tu objetivo, en definitiva, mostrarte arrogante, no solo puede estimular su deseo de competición, sino que puede sentar las bases de una deliciosa “guerra” en la que gane quien gane, el disfrute del trofeo será compartido.

Confunde a quien quieras seducir. Es muy importante no confundir esto con llegar a ser un problema, o volver loco a nadie. Pero no te muestres demasiado evidente, provoca sencillez y atrae una atención mínima y a la vez desconcierto, sin embargo ante la confusión, resulta innato querer resolver el “acertijo” por lo que eleva la atención hacia nosotros y, un aumento de atención es un aumento de interés.

Haz las cosas fáciles. En contraposición con lo anterior nadie desea complicaciones en la vida  y debemos procurar que nuestro “juego de seducción” no complique la vida a nadie.

Ataca cuando no se lo espere, haz breves “incursiones” (ataque de guerrilla) que debiliten sus defensas.

Un buen ejemplo sería, en esa charla de viajes, deportes o cualquier afición que atraiga su atención y donde se sienta cómoda, hacer un breve comentario:

- Eres preciosa

- Me encanta tu pelo

- Me gustan tus manos

- No te imaginas lo atractiva que estás ahora mismo con el sol iluminando tu cara.

En este caso, es necesario esperar unos breves segundos, dejar tiempo para que se sonroje, te mire sorprendida o te dedique una sonrisa y cambiar rápidamente el ritmo para volver a la conversación sin dejar opción a respuesta.

Estas son las claves de la estrategia de la seducción, pero nunca olvides, que en el momento de la verdad, deberás responder al cambio de circunstancias y saber responder ante ellas.


2 comentarios:

Lolita dijo...

gracias travieso...ya leeré el tuyo con más tranquilidad,me parece un blog estupendo

Felices fiestas!!!

besossssssss

Un travieso curioso dijo...

Bienvenida a mi blog Lolita.

Muchas gracias, espero que te siga gustando cuando lo vayas leyendo con más tranquilidad.

Besos traviesos.

Muy traviesillo