viernes, 15 de junio de 2007

El masajista y los pinceles (I El masajista)

Será algo distinto la prometí. -Quiero hacerte sentir, sobre todo hacerte sentir- no quiero prisas, quiero que disfrutes despacio….


Cuando entramos en la habitación del hotel comencé a excitar dos de sus sentidos. El olor de las fragancias frescas que emanaba de los quemadores de aceite inundaba la habitación, y la decoración con velas, cojines, pareos y frutas colocadas como si de figuritas se tratasen, comenzaba a excitar su vista.

La música suave, lenta, poco conocida pero terriblemente relajante hacia lo propio con su sentido del oído. El gusto quedaría para ser el ultimo en estimular.

Ahora quedaba estimular su piel, y para ello nada mejor que un masaje, un verdadero masaje que recorra todo su cuerpo, en el que solo sienta los centímetros de su piel recorrida.

Me despedí de ella, vendada en la cama, una toalla cubría su cuerpo, y el masajista a domicilio que habia contratado me esperaba en el recibidor del hotel.

Besé a Ariadna, me despedí de ella, y como única instrucción le dejé un… -no hables con él-

Ella sintió sus pasos al entrar, como colocaba sus aceites, y como comenzó a deslizar muy suavemente la toalla que la cubría hasta dejar entrever casi de manera indecente sus nalgas. Comenzó a acariciar su piel, a extender el aceite de sus manos, por su espalda, primero muy suave, y ejerciendo una ligera presión después, que hacían que mas que un masaje fuera una sucesión de agradables caricias que recorrían su espalda, su columna, se perdían en su cuello y viajaban hasta presionar suavemente sus glúteos.

-Un masaje distinto, suave… me gusta- pensó.

Notaba el cuidado que ponía el masajista al tocarla, al moverse alrededor de ella.

Fue cuando la volvió a colocar la toalla, cuando la recorrió de nuevo, dejando esta vez sus piernas accesibles, cuando después de masajear sus pies, después de recorrer placenteramente sus gemelos, hundirse una y otra vez en sus muslos hasta el pliegue con la nalga, después de que al colocarse, ella notara el duro roce de su pantalón de algodón como por accidente, cuando comenzó a excitarse. Fue después de notar que sus manos presionaban mas fuerte sus glúteos cuando notó que las manos que la tocaban ya no solo estaban pendientes del masaje, después de notar que quizás el masaje en el interior de sus muslos finalizaba demasiado arriba, ahí fue cuando comenzó a excitarse.

La tumbó boca arriba, recolocando esta vez la toalla en sus piernas, llegando a cubrir justo la línea de su sexo y dejando su torso desnudo, comenzó a notar de nuevo las manos profesionales, aquellas que no sabia si masajeaban o acariciaban fuerte pero estimulaban cada centímetro de piel que recorría, se sentía con sus pechos al aire, consciente de cómo evidenciaban su placer, su excitación… Pero esta vez las manos fueron mas respetuosas, tocaban su tripa, acariciaban su pecho, recorriéndolo hasta la inserción en su axila.

Ariadna ya dudaba de sus sospechas anteriores. Ella estaba ahí tumbada, vendada con sus pechos excitados, expuestos, y el masajista del que habia pensado que estaba realizando sus servicios con un exceso de celo, parecía no solo no aprovechar la situación, sino esmerarse en la profesionalidad de sus servicios sin que en él se pudieran adivinar dobles intenciones.

Ahí es cuando comenzó a desearlo, comenzó a desear que cuando habia jugado con el interior de sus muslos hubiera llegado a algo mas, no sabia si imaginar un leve roce por descuido o en una incursión brusca, sin aviso, casi inesperada….

Estaba disfrutando de las caricias y estos pensamientos la iban excitando cada vez más…



Cuando el masajista cambio la toalla y cubrió su torso un escalofrió la recorrió, sabia que volvía a las piernas, ahora boca arriba notaba como abría suavemente las piernas, solo un poco para poder acceder con el masaje a su interior.

Sabía que la toalla la cubría justo a ras de su sexo, era consciente que su masajista, agachado para masajear sus pies tenía línea visual directa sobre su sexo.

La situación la excitaba, volvía a recordar el masaje, o las caricias peligrosas que habia recibido antes, volvía a imaginar suaves rozamientos… Su excitación iba creciendo, se sentía terriblemente excitada, deseando lo prohibido, notaba como la humedad se iba apoderando de ella, como la fantasía…. jugaba con ella.

Los masajes, las caricias volvían a jugar en el interior de sus muslos, subían peligrosamente, y ella cuidaba de no mostrar el placer y la excitación que estaba experimentando.

Las manos se entretenían de nuevo casi a la altura de sus ingles, saboreando con los dedos la calidez y la suavidad de su piel, sentía como bailaban en ella y como en ocasiones casi la rozaban…

Dios!!! Por qué he hecho esto???? –Pensó inquieta Ariadna-

Habia separado levemente las piernas, su imaginación, su fantasía su excitación le había jugado una mala pasada. Se sentía descubierta en su placer, se sentía mostrada en su excitación, temía haber provocado algo con lo que hasta ahora solo jugaba en su mente.

Las caricias avanzaron, ahora no era ya un “casi en las ingles” se entretenía con ellas, las masajeaba y ella notaba el placer que se siente al notar la presión y el masaje en un sitio poco habitual. A la vez notaba la excitación que esas manos hábiles provocaban tan cerca de su sexo desnudo, temía que descubrieran su humedad acabando de delatarla…

En el masaje de las ingles, los dedos del masajista presionaban desde fuera sus labios en ocasiones, Ariadna se sentía cada vez mas excitada, solo imaginar lo que ese desconocido podía hacer ahora mismo con ella vendada, desnuda y terriblemente entregada la excitaba sobremanera.

Un roce, fue un roce que parecía casual, pero la recorrió su sexo de un lado a otro. Sintió el placer de la caricia suave en su clítoris, húmedo, hinchado, deseoso.

Pudo contener su gemido disfrazándolo de suspiro, pero era consciente que habia denotado placer, y que eso incitaría a su desconocido a repetir.

No tardó en hacerlo, esta vez de manera mas pausada, notó como empapaba sus dedos.

Se encontraba petrificada, no sabia como reaccionar, un desconocido estaba acariciándola, excitándola, notaba como recorría su sexo, desde abajo, humedeciéndose hasta arriba. Temía disfrutar y sin embargo su excitación la poseía y no podía evitarlo, pensaba en mi, esperando en el recibidor del hotel, no quería que pasara… o si?

Debería parar esto, no está bien, ni le he visto, es un desconocido… -pensaba-

Y sin embargo quería más, el morbo bullía dentro de ella, gozaba con las caricias de ese desconocido, notaba como bañaba su mano, como cada vez abría más las piernas para hacer más accesible su placer.

Notó como con la otra mano comenzó a descubrir su torso, como invadía su pecho, como ahora lo tocaba con deseo…

Sus caderas acompañaban ya las caricias, sus gemidos no eran ya contenidos, su mano reaccionó inmediatamente cuando el le ofreció su dura excitación.

Ya estaba invadida, ya no habia formalidades ni cuidados, los dedos de sus caricias la penetraban una y otra vez, ella se abría quería mas, deseaba mas, no podía contenerse. Notaba en su mano la dura excitación de ese desconocido que se estaba aprovechando de ella, la deseaba, deseaba que ese descarado la penetrara, que la penetrara tal como hacia con sus dedos en su sexo… Gemía mas y mas, notaba como se hinchaba su sexo, como cada vez era mas sensible a sus envites, y como casi por sorpresa, un placer brutal la inundó. Estalló en un orgasmo brutal, notaba como mientras empapaba su mano y como esta continuó acariciándola muy muy suave unos instantes después mientras quedaba rendida en la cama…

El masajista con mucho cuidado, volvió a arroparla con la toalla, la dejó disfrutando aun de su orgasmo, de su placer… Recogió sus cosas y salio de la habitación sin mediar palabra.

En el pasillo del hotel, aprovechando lo tarde de la noche, y con prisa para que no me pillara nadie, me despojé de mi disfraz de masajista, volví a usar mi colonia para disfrazar el olor del aceite de coco usado para el masaje, volví a colocar mi tirita en la ficticia herida de mi dedo y retiré el anillo que se supone llevaba el masajista.

Volví a entrar, la bese en la frente…

Estas bien? – La pregunté.
Ufffff no te imaginas – contestó-
Pues quédate así relajada, todavía te queda mucha noche para disfrutar…..

(Continuación: El masajista y los pinceles II)

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente sugerente!!!..... si es que tú imaginación para sugerir, tentar, hacer disfrutar y disfrutar con todo ello tú mismo.... no tiene límites....ni que se los pongas.....gran relato..... esperaré la segunda parte ;).....

Besitos

L&V (al qué tanto añoro)

Ricci dijo...

aishhhh tanta caricia por aquí caricia por alli me ha dado para imaginar mucho...mmm...para sentir...

Realmente tuvo que ser una sensación intensísima para ella, cuando el deseo te supera...y quieres más...

Besos húmedos

Anónimo dijo...
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Luna Roja dijo...

Siempre invadiendo…, penetrando…,
Siempre aprovechando…, provocando el deseo de más…,
Siempre viviendo…, inundando…,

Eres deliciosamente travieso….

Besos Rojos

explosiva dijo...

Uuuuuffffffffffffffff
Demasiado bueno... muy, muy bueno...

Espirito da Lua dijo...

Gostei ,,, esta muito giro;)

Bj Lua

xiomara dijo...

Guau, qué delicia, que sugerentes cuánto deseo por salir, casi pido más...
Me das un masaje?

Besos calientes!

Un travieso curioso dijo...

Gracias por vuestro comentarios, ademas de ellos, he recibido varios mails preguntandome como pude hacer que no me reconociera, aqui os dejo las claves jejeje:

Me coloqué una tirita en mi dedo indice de la mano dcha, cuando ella me vió le dije que me habia cortado, y la hice unas cuantas caricias para que se acostumbrara a notar mi tirita y a recordarla.

No la hice ningún masaje anterior para que no recordara mi forma de darlos.

Me cambié por si recordaba mi ropa, y tb de zapatos por si recordaba el sonido de los mios (en la habitación se oian mucho)

Al salir a cambiarme, me puse una colonia que nunca habia usado con ella.

Coloqué un anillo en mi mano, y cuando comencé a darla el masaje ella lo notó, y notó como me lo quitaba y lo dejaba en la mesilla.

Al acabar en el pasillo volví a cambiarme y a dejar todo como estaba en mi. jijijijijijij

Así fue el making off del delito.

Besos muy traviesos

Tomás dijo...

s genial y asombroso tu blog, me encanta je
t voy a poner en mis favoritos y en los vinculos d mi blog

BEAUTYandRELAX dijo...

No solo en el mundo de las fantasias...el masaje tantrico el relax mas agradable y sentido no solo para ellos lo podemos encontrar en masajes anais o mas para ellas en beautyandrelax.blogspot.com
Abrazo axl fiso