domingo 29 de enero de 2012

El arte de seducir. Capítulo VII Maniobras.






Capítulo VII: Maniobras.



Nada es fácil a la hora de maniobrar. Lo difícil de las maniobras es convertir el camino más intrincado en el más directo y transformar el infortunio en ventaja.

Por eso, toma un camino indirecto, despista a la persona a la que deseas seducir para poder tomar después una ruta más directa. Alguien capaz de hacer esto entiende la estrategia directa e indirecta.

Ahora bien, la ventaja y el peligro son inherentes a las maniobras.

Quien ponga todo sus esfuerzos y recursos para perseguir una ventaja, no la obtendrá, siempre es necesario dosificar.

Por eso hemos hablado en multitud de ocasiones de no caer en la impaciencia, en los actos irreflexivos. En ocasiones somos capaces de ver un punto débil del que pensamos que podemos ganar la ventaja suficiente como para por fin conseguir nuestro objetivo.

Calma, ante todo calma. Cuando la persona a la que queremos seducir, acepta nuestra invitación a cenar, tomar café o lo que sea, no debemos tomar esto como nuestra gran ventaja, es solo un paso en el intrincado camino a la seducción. Si llegamos con la intención de apostarlo todo en un momento dado, con toda seguridad lo perderemos.

Es un error de principiante llegar con la maniobra (precocinada) del beso en los postres, en la copa o de invitarla a casa después de la cita, o cualquiera otra que sea similar.

Se ha de tener práctica en el arte de maniobrar. Es necesario poder combinar infinidad de estrategias, e incluso, llegado el caso, obviar una ventaja en pro de una posterior que resulte más definitiva.

Cuando desaprovechas una ventaja con conocimiento de causa, siembras confusión, cambias el ritmo, y tienes la oportunidad para preparar una siguiente maniobra más elaborada y que resulte definitiva.

La seducción se basa en la confusión, muévete rápido cuando tengas ventaja, cambia el ritmo, siembra desconcierto, mientras preparas el terreno para un siguiente movimiento.

Acercarte peligrosamente cuando su disposición es receptiva y desviarte en el último momento a su oído para decirle:

- Te apetece una copa? (Por ejemplo)

Sin duda generará en él o ella el pensamiento de:

- Que cabrón!!! (O cabrona)

En un tono que sin duda podéis imaginar que favorece mucho nuestros propósitos.

Hemos desaprovechado las ventajas que nos ofrecían las circunstancias y su disposición, sin embargo, hemos preparado el terreno para una maniobra mucho más efectiva y definitiva.

Por eso, sopesa la situación y después actúa.

El que conoce el arte de la aproximación directa e indirecta obtendrá el éxito. Así es el arte de maniobrar.

Tus maniobras pueden ser lentas o rápidas. Las lentas son sencillas, son fáciles de ejecutar, pero para las rápidas has de contar con grandes recursos personales, habilidad y entrenamiento.

Así, ante una afirmación del estilo:

- Me vas a sonrojar.

Maniobrar de manera rápida y eficaz con un:

- Me gusta, te pones más guapa.

- (Mirada traviesa, simpática, atrevida o de cualquier estilo elegido) + ¿Pedimos el postre?

- No te creo, yo no se hacer que una chica se sonroje (en tono simpático, evidenciando nuestra mentira y provocando unas risas).

Requiere sin duda de un entrenamiento previo.

En cualquier caso y hagamos lo que hagamos, jamás deberemos maniobrar cuando la persona a la que queremos seducir decida retirarse.

Siempre y esto es muy importante, deberemos dejar una vía de escape, y jamás acorralarla. Nunca deberemos ponerla en el compromiso de que cene con nosotros, nos conteste a algún mensaje o correo, nos llame, nos diga que si a algo… etc.

Es de la mayor importancia ofrecer siempre una alternativa, y que haga lo que haga, sea por su deseo, no por su compromiso.

Si no observamos esta regla, quizás consigamos que por compromiso se tome un café con nosotros, cene o cualquier otra cosa, pero habremos dilapidado todas nuestras posibles ventajas presentes y futuras y por supuesto, nos estaremos alejando del arte de seducir.

Por eso, frases del tipo:

- Y por qué no?

- Hazlo por mí.

- Si no vienes me sentiré fatal.

O reproches de cualquier tipo, se encuentran completamente prohibidos en las maniobras que realiza aquel que domina el arte de seducir.

No solo evidencian una enorme falta de recursos y maestría, sino que pone en juego la dignidad de quien ose usar estas artimañas.



domingo 22 de enero de 2012

El arte de seducir. Capítulo VI. Puntos débiles y puntos fuertes.







Capítulo VI: Puntos débiles y puntos fuertes.

Sin duda, lo más recomendable es elegir los escenarios y los momentos en los que se producirán vuestros encuentros.

Con respecto al lugar, además de elegirlo conviene llegar el primero, máxime en el caso de los hombres para hacer honor al protocolo.

En cualquier caso, al haberlo elegido y haber llegado primero nos ofrece ese valioso tiempo para acomodarnos al lugar y dominar la situación, eligiendo la posición o rincón que más adecuados sean a nuestra estrategia.

Al igual que siempre detallo cuales son las situaciones que más fortalezas nos pueden ofrecer, realizando los correspondientes antagonismos, podremos descubrir que situaciones producen debilidades. Sobra decir que dominar la creación de debilidades en la persona a seducir nos ofrecerá grandes ventajas a la hora de preparar y ejecutar nuestros ataques.

Por eso, quien es capaz de dominar los ritmos, aumentará sus posibilidades de éxito.

Se capaz de crear movimiento cuando hay quietud, quietud cuando hay movimiento, hambre cuando se está saciado…

Sí, soy consciente de que mis palabras pueden volver a parecer demasiado místicas u orientales, pero estando ya en el capítulo VI, deberíamos ser capaces de encontrar sin problemas una aplicación práctica de ellas. En cualquier caso, unos ejemplos prácticos podrían ser:

En el momento en el que el ambiente comienza a apagarse sentados mientras tomáis una copa de madrugada, ser capaz de sacarla a bailar, cambiar de local, o romper el ritmo animando la conversación.

Cuando os encontráis bailando, ser capaz de acomodaros para tomar una copa y poder charlar.

Roba una sonrisa cuando el tema del que habláis sea serio o triste.

Vuelvo a insistir, son meros ejemplos y la habilidad se trata en cómo llevar la teoría a la práctica de la realidad.


Sé rápido, muévete veloz, no ofrezcas la oportunidad de tener tiempo de reacción, actúa cuando no lo espere, rompe sus esquemas.

Una respuesta rápida, un halago furtivo, una caricia atrevida… sea como sea, tanto la velocidad, la sorpresa, como imposibilidad de reacción han de ser medidas y cuidadas.

Si optas por alguna de estas situaciones has de tener prevista la acción que anulará su reacción, continuar con una pregunta sobre el tema del que estabais charlando, una pregunta original sobre cualquier tema en concreto, una respuesta que en su momento dejaste sin responder…

- Ah por cierto, finalmente he decidido contarte mi mayor fantasía.

- Ah por cierto, ¿al final te compraste el vestido que me dijiste?

- Ah por cierto, he reservado entradas para la película que me dijiste…

- Etc.



Para estar seguro del éxito de tus ataques, ataca aquellos aspectos que no se encuentran defendidos. De ahí la importancia de ser capaz de dirigir su atención.

Desaparece cuando debas desaparecer. La capacidad de saber estar presente cuando se ha de estar y de desaparecer cuando no se ha de desaparecer es una de las más difíciles y por desgracia una de las menos ejercidas.

La discreción es fundamental, y saber dejar tiempo, soltar la cuerda cuando es necesario y no pretender estar presente en todo momento es tan importante como la precisión en un ataque.

Por desgracia, es fácil observar como principiantes o inseguros, pretenden ganar terreno enviando mensajes a todas horas, llamando, o buscando ocupar la atención de la persona a la que desean seducir como si quisieran garantizarse que un posible oponente no tenga opción a ocupar su curiosidad.

Si dominas el arte de la seducción, deberías preocuparte solo por tus acciones y sus resultados, no por los de los demás.

Si deseamos que nuestro avance sea irresistible, este ha de ser donde no se hayan levantado barreras, y si estas existen, ya deberían estar casi derribadas.

Si puedo determinar y conocer sus disposiciones y las mías, sabré qué hacer, cómo actuar, dónde avanzar y dónde debo contenerme, seré capaz de dominar la situación, los ritmos y de predecir el resultado.

Si soy capaz de ocultar mis intenciones finales en mi avance, la persona a la que deseo seducir, se encontrará confusa, no sabrá si ha de prevenirse de mí, y si lo hace, no sabrá como derribaré sus defensas. Si se siente cómoda, ella misma las bajará y entrar resultará sencillo.

Es evidente que cuando queremos seducir a otra persona, ésta, lo sabrá o como poco lo intuirá. Si desde el primer momento, comenzamos a realizar acercamientos físicos, invadiendo su espacio más íntimo, podrá sentirse acosada o incomodada, pero si somos capaces de ir ganando ese espacio poco a poco, generando en ella comodidad, obtendremos la posibilidad de jugar en las distancias cortas, obteniendo por su parte una sonrisa en lugar de un: “no vayas tan rápido”.

Por todo esto digo, que aunque los resultados siempre son impredecibles, en nuestra mano se encuentra la posibilidad de crear las situaciones y circunstancias que hagan el éxito posible.

Por eso, si conoces las intenciones, los deseos, las inquietudes de la persona a la que deseas seducir, sabrás que estrategias usar.

Provócala, tiéntala y así podrás ir descubrir sus pautas de reacción.

Determina sus disposiciones, y así podrás conocer cual será el momento de la verdad.

Ponla a prueba, y así podrás conocer cuales son sus puntos débiles y cuales los fuertes.

Igual que el agua se adapta al terreno y amolda su fluir en función del suelo, igual que el agua no tiene forma fija, la seducción, nunca tiene circunstancias fijas.

Así pues, alguien capaz de modificar sus estrategias en función de las circunstancias puede decirse que es un experto en el arte de seducir.



domingo 15 de enero de 2012

El arte de seducir. Capítulo V. Energía.



Continuación de: El arte de seducir. Capitulo IV. Disposición.


Capítulo V: Energía.



En nuestro camino hacia la seducción deberemos contemplar y usar correctamente nuestras fuerzas normales y nuestras fuerzas extraordinarias.

Como norma general deberemos usar nuestras fuerzas normales durante el camino y reservar y usar las extraordinarias solo para el momento final.

Tomaremos aquellas fuerzas extraordinarias como aquellas habilidades que poseemos y que se salen fuera de la norma, como por ejemplo, nuestra habilidad para la magia, la poesía, para saber localizar y jugar con puntos erógenos como en las manos, el cuello, el hombro, o la habilidad para derretir con la mirada o la sonrisa, o la habilidad para excitar con unas breves palabras.

Al ser así deberemos guardar nuestra mejor baza para el momento final, donde sus barreras ya se encuentran debilitadas para derrumbarlas de golpe y hacer sucumbir a la persona a seducir a nuestros deseos sin ya, ninguna posibilidad de defensa.

Para ello deberemos no solo de aprender a usar nuestros recursos, sino a combinarlos debidamente.

En la mayor parte de las disciplinas, se recomienda el dominio de todas las técnicas y la especialización en tres o cuatro en concreto. No se puede ser especialista en todo.

Sin embargo, al igual que las notas básicas de la música son 7 y sin embargo podemos escuchar infinidad de melodías, nosotros debemos aprender a dominar nuestros recursos básicos combinándolos hasta el infinito.

Cuando el ataque de un halcón acierta a romper el cuerpo de su presa, se debe a la precisión.

Así pues quien pretenda dominar el arte de la seducción, deberá calcular el momento exacto de su ataque y regularlo con precisión.

Para hacernos una idea la fuerza, la potencia del ataque, podría ser la fuerza con la que se tensa la cuerda de una ballesta, la precisión, ser capaz de elegir el momento adecuado en el que presionar el gatillo.

Si el desenlace de tu ataque se basa en un beso, este ha de ser preciso, hay que saber ofrecerlo en el momento idóneo, en el lugar adecuado (labios, cuello, espalda…), con la intensidad precisa y con las fuerzas extraordinarias necesarias (caricias, abrazos, sujeciones, palabras, mirada…)

Si el desenlace de tu ataque se basa en una caricia, ésta ha de ser precisa y hay que saber ofrecerla en el momento idóneo, en el lugar adecuado (cuello, espalda, manos, piernas, senos, sexo…), con la intensidad precisa y con las fuerzas extraordinarias necesarias (sonrisa, mirada, palabras…)



El orden y el desorden de los acontecimientos puede beneficiarnos, por eso, aunque se evidencie desorden y caos éste puede ser el resultado de nuestra organización.

La torpeza de nuestros actos (por supuesto sin abuso) puede ser resultado de la previsión y la estrategia.

¿En cuantas ocasiones una torpeza como una copa caída, una mancha en tu camisa o un tropiezo, no nos ha ofrecido sino una situación propicia para romper el hielo en un momento dado, para distender el ambiente de una manera divertida o como excusa para provocar una situación?

En algunos manuales de entrevistas de trabajo especialmente americanos, se propone tropezar al entrar en la entrevista.

Excesivo a mi juicio, sin embargo, la base de la idea me parece muy interesante, ya que la propuesta se basa en ser recordado. Al mes de la entrevista, si llamas a tu entrevistador, probablemente le digas el nombre y no lo recuerde, sin embargo, si le dices:

- El que se tropezó al entrar.

Te identificará con total seguridad.

Vuelvo a insistir en la necesidad de tratar este aspecto con mucha cautela, ya que la línea entre una torpeza sutil y divertida entre parecer un patoso, es muy fina.

En cualquier caso, esta situación puede crear un momento de confusión y “revuelo” que suele ser propicio para un breve y efectivo ataque. E indico bien, “breve y efectivo ataque”. No lo confundamos con el típico error de principiante de aprovechar para besar por sorpresa ya que no se atreve a hacerlo en otro momento.

No digo que no se pueda hacer, pero siempre cumpliendo las premisas que en estos capítulos se detallan.

Así pues, los hábiles en esta arte podrán crear las situaciones necesarias para el éxito. Serán capaces de ofrecer algo apreciado, para que sea tomado mientras su ataque definitivo se hace inminente.

sábado 7 de enero de 2012

El arte de seducir. Capitulo IV. Disposición.






Capítulo IV: Disposición.



Antiguamente se decía: Primero preocúpate de ser efectivo, después, espera a que aquella persona a la que deseas seducir sea vulnerable.

Ser efectivo depende de ti, que la otra persona sea vulnerable depende de ella y de sus circunstancias

Un hábil seductor puede hacerse efectivo, pero con toda seguridad no podrá crear vulnerabilidades en la persona deseada. Su labor consistirá en detectar las existentes y hacerlas crecer

Por eso se suele decir que quizás se pueda saber cómo conseguir el éxito, pero no por ello se logrará.

Sin embargo, predecir el éxito cuando no hay barreras que salvar no muestra destreza alguna, solo anuncia el éxito sobre alguien que ya desea sucumbir a él.

La habilidad de la seducción se demuestra cuando se consigue el éxito allí donde la derrota estaba anunciada.

Sin embargo, sería un error acometer grandes campañas antes de haber puesto en práctica nuestras habilidades en otras de menor envergadura.

En la progresión de cualquier disciplina, siempre ofrece más frutos avanzar con pasos firmes que con zancadas inestables.

Para poder encontrarnos en disposición de seducir, es necesario habernos preocupado con anterioridad de nuestro crecimiento personal, ya que si no atesoramos riquezas, no dispondremos de ninguna que ofrecer.

Por eso debemos aprovechar cualquier oportunidad que surja en nuestras vidas para aprender sobre todo aquello que encontremos en nuestro camino.

Esto no quiere decir que por ejemplo nos hagamos expertos en Tantra, pero si tenemos la oportunidad, con toda seguridad nos enriquecería conocer lo básico sobre esa filosofía. No es necesario que nos hagamos expertos en economía, sin embargo, ser capaces de entender de manera sencilla, las causas de la actual crisis ampliará nuestra cultura general.

Aprovechar esa curiosidad innata en el ser humano, nos ofrecerá la posibilidad de ampliar nuestros conocimientos y nuestra cultura en general.

Para ese aprendizaje, solo encuentro tres caminos.

La lectura, la conversación y los viajes. En función de las oportunidades que tengamos deberíamos aprovechar para ejercer cualquiera de las tres.

No podemos concebir aprender el arte de seducir sin un crecimiento personal, sin un crecimiento personal, no podremos aprender el arte de seducir.

domingo 1 de enero de 2012

El arte de seducir. Capitulo III. Estrategia ofensiva.


Continuación de: El arte de seducir. Capitulo II. Seducir.

Capítulo III: Estrategia ofensiva.


Lograr conquistar a cien personas de cien intentos no es la esencia de la seducción, realizarlo con conocimiento, con estrategia, salvando las barreras, es la habilidad de seducir.

Podemos encontrarnos con una persona de una belleza sin igual y que cuente sus victorias por centenares, pero si la clave de su éxito ha sido su belleza, es muy posible que no haya disfrutado nunca del arte de seducir.

La seducción se basa en la preparación, la estimación, la estrategia, para que con todo ello, seamos capaces de crear la oportunidad final garantizando el éxito.

Si no sabemos controlar nuestra impaciencia, denotaremos torpeza y todos nuestros esfuerzos se desvanecerán de inmediato.

Si te sientes con fuerza necesaria y tu oportunidad se ha creado (ver estimaciones), pasa a la ofensiva, el éxito está garantizado.

Si te sientes con la fuerza necesaria, pero sus barreras siguen intactas, se capaz de retirarte. Debes replantear la estrategia.

Si no te sientes con la fuerza necesaria y sus barreras siguen intactas, se capaz de retirarte, de lo contrario perderás toda oportunidad. Un ataque tímido es la mejor manera de tirarlo todo por la borda.

Existen cuatro maneras de fracasar estrepitosamente.

Cuando se realiza el ataque habiendo ignorado la estrategia tan solo por pretender que es “la última oportunidad”.

Cuando se pretende usar recursos que no se dominan.

Cuando se pretende mostrar un mando con el que no se cuenta.

Cuando al enfrentarse a una circunstancia no prevista se siente confusión y no se dispone de la necesaria capacidad de adaptación y respuesta.

Existen cinco caminos en los que el éxito puede predecirse.

Cuando se sabe cuándo atacar y cuándo no.

Tendrá éxito aquel que sepa manejar por igual los grandes recursos y los pequeños detalles.

Tendrá éxito aquel que haya conseguido enriquecer su persona en el camino del aprendizaje.

Tendrá éxito aquel que es prudente y haya sabido elegir el momento idóneo para su ataque.

Tendrá éxito aquel que disponga del valor necesario para realizar su ataque sin miedo a la derrota.

Estos son los cinco pasos en los que el camino hacía el éxito es seguro.

Para poder aplicarlos es necesario el profundo conocimiento tanto de la persona a la que deseas seducir, como de ti mismo.

Si no conoces a esa persona y sin embargo te conoces a ti mismo, tus posibilidades de triunfar o fracasar serán iguales.

Si desconoces a ambos, el fracaso está asegurado.

Si conoces en profundidad a ambos, en cien intentos no correrás riesgo alguno.




domingo 25 de diciembre de 2011

El arte de seducir. Capitulo II. Seducir.




Capítulo II: Seducir

Seducir es el camino que se recorre hasta conseguir que el deseo de la otra persona, se rinda al tuyo. Y ese es el máximo objetivo de la seducción.

Si la seducción se prolonga mucho el poder de nuestros encantos, la moral, el interés y el efecto sorpresa decaerán.

Cuando se emprende una campaña larga, serán necesarios más recursos y estos siempre son finitos.

No estoy hablando de la comodidad de atacar lo fácil, no, sino de no alargar nuestro camino, pues el resultado se irá desvaneciendo en él.

Si tu campaña se alarga tus fuerzas decaerán, tu ánimo se apagará y tu capacidad para crear estrategias se irá desvaneciendo con ellos.

Así, a pesar de haber podido ver innumerables situaciones de torpes precipitaciones, nunca se ha visto una operación astuta que haya sido prolongada en el tiempo.

En cualquier caso y cuando me refiero a la duración de la estrategia de seducción, no me refiero tanto al tiempo lineal, como al tiempo efectivo empleado, es decir. Si en nuestras estimaciones detectamos que no es el momento idóneo, es mejor poner distancia y reducir nuestro contacto con la persona que deseamos seducir, de lo contrario, y especialmente en el caso de los hombres, correremos el riesgo de sufrir el mayor de los desastres, ¡Que nos vea como un amigo!!!

Así, los buenos seductores nunca necesitarán segundas oportunidades.

Podemos crear mil y una estrategias, pero no debemos perdernos en ellas, si respetarlas, pero no permitir que nublen nuestro objetivo. Para seducir, solo hay un camino, seducir.

Un aspecto de alta relevancia, es que para poder seducir, necesitaremos recursos, y no me refiero en este caso a los económicos, sino a recursos personales.

Si queremos despertar la atención de alguien deberemos de poseer riquezas, riquezas en nuestro interior, y preocuparnos de alimentarlas constantemente. Una gran oportunidad para hacerlo, será enriquecernos con todo aquello que la persona a la que deseamos seducir pueda aportarnos, ya que sin duda, en infinidad de ocasiones nos sorprenderemos con los tesoros que los demás pueden ofrecernos.





domingo 18 de diciembre de 2011

El arte de seducir. Capitulo I. Estimaciones.

Capitulo I. Estimaciones.
Antes de dar comienzo a la seducción es necesario realizar ciertas estimaciones que nos orienten sobre si el momento es el adecuado o no. Antes de nada, deberemos tener en cuenta las influencias emocionales, el clima, el terreno, el mando y la doctrina.
Con influencias emocionales me refiero a valorar no solo el momento emocional en al que nos sentimos nosotros, sino el estado emocional en el que se siente la otra persona. Por muy alta que sintamos nuestra autoestima o por poderosos que nos sintamos en un momento dado, toda la fuerza y la energía que seamos capaces de desplegar en ese momento será inútil, o peor, contraproducente, si el estado emocional de la otra persona se encuentra bajo mínimos o si su atención se halla inmersa en otros asuntos.

Un buen ejemplo podría ser imaginarnos en ese momento en el que nos sentimos capaces de todo, y sin embargo, la persona a seducir se encuentra con las emociones centradas en algún problema grave, sea familiar, laboral o personal. Ese, no sería un buen momento para seducir.

Tampoco quiero que parezca que cuando la persona a seducir tiene la atención centrada en problemas,  el momento emocional no es propicio. Tenemos que ser capaces de evaluar el grado de receptividad que puede tener y detectar cuando nuestras estrategias corren el riesgo de caer en saco roto, sencillamente porque la hemos encontrado con el paso cambiado o más receptiva a una sencilla charla divertida y cómoda que a un intento de seducción. Si somos capaces de dominar ese momento y actuar en base a su momento emocional, lo más probable es que hayamos esquivado la posibilidad de echarlo todo a perder, mientras hemos creado la situación propicia para una futura nueva oportunidad.

Debemos ser capaces de captar, intuir y empatizar con las emociones de los demás, buscando así determinar cual es el momento idóneo para comenzar a seducir.

El clima simboliza las fuerzas naturales, es decir, lluvia, viento, calor… En definitiva todos aquellos aspectos que no podemos manejar y que pueden ser fuerzas que anulen cualquiera de nuestras estrategias.

En cualquier caso, si somos capaces de tener en cuenta este tipo de elementos, no solo podremos evitar que alguna de nuestras propuestas o estrategias fracasen, sino que podremos usarlas en nuestro propio beneficio.

Soy consciente de lo místicas que pueden parecer mis palabas, sin embargo, teniéndolas en cuenta, quizás podremos evitar una negativa a una propuesta para salir una noche de lluvia intensa, cuando lo que más apetece es quedarse en casa bajo una manta y cambiarla por una invitación para el día siguiente cuando luzca el Sol y el deseo de pasear y salir a la calle sea mucho mayor.

Cuando hablo de tener en cuenta el terreno, me refiero no unicamente a las distancias que nosotros deberemos salvar, sino a las que ella deberá recorrer también. No solo para poder encontrarnos, sino las distancias y el terreno que compartiremos en nuestro encuentro.

Creo que para esta situación debo poner varios ejemplos: Tener en cuenta el terreno puede ser necesario en más de una ocasión, pero cuando debemos hacer un viaje especialmente largo, se trata de un elemento a valorar especialmente, ya que al bajar del coche, tren o avión, nuestro aspecto distará mucho del que teníamos al salir de casa, por lo que será bueno tener en cuenta que unas horas de descanso en el hotel para asearnos y volver a estar presentables podrían marcar esa sutil diferencia entre el éxito o el fracaso.

Como ya he dicho, no me gustaría que mis palabras se tomaran al pie de la letra ya que, como se comentará más adelante, la improvisación es un elemento esencial en la seducción. Por esto, sino existe la posibilidad de descansar en un hotel o en algún lugar cómodo, parar en una gasolinera o cafetería para afeitarnos, asearnos y poder cambiarnos, también es una buena opción.

Es evidente que si el ansia del encuentro nos ha precipitado a no tener en cuenta las distancias, perderemos la oportunidad de mitigar sus efectos en nuestra imagen.

Sin embargo, también es necesario tener en cuenta el terreno para los momentos que compartamos con la persona que deseamos seducir. Si bien no recuerdo ningún caso concreto, si se me vienen a la mente comentarios de chicas tales como:

- Menuda caminata nos dimos, ¡Y yo con los tacones!!!

- De haber sabido que íbamos a Toledo (con su centro urbano empedrado) ¡No me habría puesto tacones!!!!

- Iba yo tan mona con mi vestidito y nos pasamos la noche paseando de Pub en Pub, ¡Creo que no he pasado tanto frio en mi vida!!!!

Como resumen diré, que no tener este aspecto debidamente en cuenta, puede cambiar la sensación de “sentirse a gusto”, a una verdadera pesadilla.



Cuando hablo de mando, me refiero a nuestra capacidad para hacernos con el control de ciertas situaciones. Esto no quiero decir que debamos ser personas autoritarias o ser capaces de dominar todas las situaciones a las que nos enfrentemos, sino a ser conscientes de nuestras capacidades y de nuestras limitaciones en este sentido.

Cuando tenemos un encuentro con la persona a la que queremos seducir, éste, se puede desarrollar en infinidad de situaciones distintas y lo que debemos evitar bajo cualquier circunstancia es que esa persona se sienta incomoda.

Si la invitamos a compartir una velada con nuestros amigos, debemos ser capaces de controlar todas las situaciones que se puedan dar, como por ejemplo que nuestros amigos se pasen con la bebida y se pongan a bailar Paquito el chocolatero en algún lugar elegante, por supuesto, siempre que esa situación te incomode a ti o a la persona que deseas seducir, si os gusta y os divierte, ¡Adelante!!!
Pero si no es así, has de tener la capacidad suficiente como para que no sea necesario aguantar esa situación, bien siendo capaz de frenarla o con una educada disculpa que os permita escabulliros de ese local.

Cualquier cosa, antes de encontrarte ante una situación en la que por falta de dominio, debas quedarte, esto te hará sentir mal a ti, y a tu pareja en ese momento.

En cualquier caso, es muy importante puntualizar, que cualquier mando, ha de ser siempre ejercido con una refinada educación. No hay manera más sencilla de tirar por la borda una noche de seducción que responder con malas maneras al camarero que por un descuido te ha tirado la copa encima.

Además de todo lo anterior, no debemos olvidar que el mando, mejor dicho, la capacidad de mando, o dicho de otra manera, la seguridad en uno mismo, es una cualidad muy apreciada especialmente por las mujeres. Esa seguridad, ese mando, no es necesario ejercerlo, basta con que exista, eso se percibe.

Con doctrina, me refiero a la organización y a la estrategia que deberás llevar a cabo. La seducción es un arte y como tal ha de ser cultivado, apreciado, pulcro y elegante en su ejecución. Tener en cuenta todos los condicionantes que nos vamos a encontrar en el camino, organizar nuestras estrategias, y ser capaces de dosificar nuestras ventajas sin “quemar todas nuestras naves de golpe” serán aspectos clave para nuestro éxito.

Probablemente en tus encuentros, podrás sorprender con capacidades, experiencias o aficiones, pero si lo despliegas todo en tu primera cita, perderás la oportunidad de sorprender en las próximas.

Por eso es necesario conocer y aprender a dominar con destreza las “armas” de que dispones.

Una vez conocidas y aprendidas, deberás seleccionar cuales y cómo utilizarlas y por supuesto dosificarlas. Si por ejemplo, conoces técnicas de magia, deberás decidir, si emplear el efecto sorpresa de ese recurso en una primera cita, o reservarlo para tener capacidad de sorpresa en una segunda o tercera oportunidad.

La seducción se basa en la sorpresa. Prácticamente todo el mundo busca un mismo objetivo, romper con la rutina, encontrar nuevas sensaciones o nuevas emociones, en definitiva, sorprenderse con lo imprevisto, sí, incluso aquellas personas que nos indican que necesitan tener todo bajo control. Con estas últimas tan solo deberemos de tener la precaución de hacerlas sentir que no han perdido ese control que necesitan, hacerlas sentir con seguridad.

Dominio de la atención. Dominar o ser capaces de dirigir la atención de la persona que deseamos seducir será un aspecto clave en nuestra estrategia, para ello, no solo deberemos conocer que temas pueden despertar su interés, sino conocer en cuáles de ellos nos sentimos más cómodos y dominamos mejor.

Podremos utilizar esta técnica de manera directa o indirecta, en función de las estimaciones que realicemos.

Un ejemplo de uso directo sería decirle, “voy a seducirte”, por supuesto midiendo el tono en el que se dice, serio, autoritario, simpático, divertido… Cada momento y cada persona pueden requerir uno distinto.

Un ejemplo de uso indirecto, sería centrar su atención en los viajes, deportes, o cualquier elemento que estimule su atención y mientras tanto, desplegar los “encantos” o “armas” seleccionadas de manera sutil.

Evita sus barreras. En muchas ocasiones, cuando nos disponemos a seducir, nos encontramos con que la otra persona tiene o ha levantado barreras. Es un error pretender derribarlas, sería un gasto de energía inútil, y con toda seguridad infructuoso y contraproducente.

Toda muralla tiene una grieta, debemos ser capaces de encontrarla y usarla en nuestro beneficio.

Si alguien con quien tenemos contacto telefónico nos ha dicho con firmeza que no desea quedar con nosotros, sería un error luchar frontalmente insistiendo en convencerla para una cita. Sin embargo, si aprovechamos la grieta que nos ofrece el sí poder hablar con esa persona por teléfono, haciéndola sentir cómoda, sin presionar sobre la barrera, dirigiendo su atención, bien de manera directa o indirecta, sorprendiéndola, en definitiva, seduciendo, esa muralla caerá sola y seremos nosotros quienes recibamos la proposición tan deseada.

Estimula su arrogancia, proponiendo algún juego, reto, algo divertido que haga que durante su ejecución, centre su atención en la victoria.

Si eres capaz de conseguir dejar sus murallas sin vigilancia (sus barreras sin atención) estas caerán por si solas.

Muestra tu arrogancia. Anunciar los pasos que vas a seguir, hacer notar tu seguridad en la consecución de tu objetivo, en definitiva, mostrarte arrogante, no solo puede estimular su deseo de competición, sino que puede sentar las bases de una deliciosa “guerra” en la que gane quien gane, el disfrute del trofeo será compartido.

Confunde a quien quieras seducir. Es muy importante no confundir esto con llegar a ser un problema, o volver loco a nadie. Pero no te muestres demasiado evidente, provoca sencillez y atrae una atención mínima y a la vez desconcierto, sin embargo ante la confusión, resulta innato querer resolver el “acertijo” por lo que eleva la atención hacia nosotros y, un aumento de atención es un aumento de interés.

Haz las cosas fáciles. En contraposición con lo anterior nadie desea complicaciones en la vida  y debemos procurar que nuestro “juego de seducción” no complique la vida a nadie.

Ataca cuando no se lo espere, haz breves “incursiones” (ataque de guerrilla) que debiliten sus defensas.

Un buen ejemplo sería, en esa charla de viajes, deportes o cualquier afición que atraiga su atención y donde se sienta cómoda, hacer un breve comentario:

- Eres preciosa

- Me encanta tu pelo

- Me gustan tus manos

- No te imaginas lo atractiva que estás ahora mismo con el sol iluminando tu cara.

En este caso, es necesario esperar unos breves segundos, dejar tiempo para que se sonroje, te mire sorprendida o te dedique una sonrisa y cambiar rápidamente el ritmo para volver a la conversación sin dejar opción a respuesta.

Estas son las claves de la estrategia de la seducción, pero nunca olvides, que en el momento de la verdad, deberás responder al cambio de circunstancias y saber responder ante ellas.


domingo 11 de diciembre de 2011

El arte de seducir. Prólogo y entrenamiento

Fotografía tomada en el templo de Tangboche (Nepal)



Prólogo.

Creo que una de las cosas que más me apasionan en este mundo es la seducción. Llevo mucho tiempo aprendiendo y observando con infinita curiosidad, las distintas formas en las que ésta se aplica en la gente que me rodea y en la que me encuentro por el camino.

Supongo que ha sido éste el motivo por el que finalmente me he animado a escribir este compendio, que no pretende aleccionar ni enseñar nada que seguramente no sepa todo el mundo, sino que busca aunarlo y organizarlo en trece sencillos pasos (o preceptos).

Creo que ya he dado una pista sobre la bibliografía que usaré en estos textos, y que en cualquier caso indicaré en la última entrega.

Soy consciente de que lo que aquí detallaré, podrá ser leído y entendido como normas, reglas o acciones que hay que seguir a rajatabla, y además estoy seguro que mi manera de escribir y mi convencimiento, fomentarán esa impresión. Sin embargo, dejaré para la última entrega una consideración especial para la improvisación, para ese momento, en el que por un motivo u otro es necesario romper con todo, con las reglas, con lo establecido y dejarse llevar, casi encomendado al destino.

Pretendo escribir estos textos sin que vaya especialmente dirigido a ninguno de los dos sexos, aunque supongo que en alguna ocasión, no podré evitar de manera consciente o inconsciente algún desliz. En cualquier caso, y especialmente cuando me refiero al femenino, en la mayor parte de las ocasiones será porque haga referencia a “la persona a seducir”

Por mucho que disfrute improvisando, creo que el conocimiento de la técnica es necesario para el aprendizaje de cualquier arte, y si además somos inquietos e inconformistas y sentimos ese deseo irrefrenable de romperlas o transgredirlas, más aun. En el arte, solo es capaz de crear una nueva tendencia quien antes ha dominado las normas. Picasso o Dalí antes de sorprendernos con su manera de romper con lo establecido, dominaron la técnica, y fue a partir de ahí, cuando fueron capaces de usarla para crear nuevas tendencias.

Espero que podáis disfrutar de esta serie de entregas. La idea de publicarlas se basa especialmente en el enriquecimiento, en el mío al escribirlo, al documentarme, al recordar experiencias, y en el vuestro… Bueno, en el vuestro, ya me contareis.



Entrenamiento.

Si, como en todo arte es necesario realizar un entrenamiento. Como realizarlo resulta sencillo. Al igual que en cualquier otra disciplina el entrenamiento no se realiza en el momento “de la verdad”, es decir, en el momento de la competición, cuando vas a pintar tu mejor cuadro, o cuando te encuentras en el momento en el que has de seducir. Éste, se ejecuta en situaciones en las que una equivocación no produce consecuencias, cuando puedes jugar con la técnica de “prueba-error” y puedes sacar conclusiones en base a los resultados.

Saber qué entrenar, resulta sencillo. Los mismos pasos que encontremos en estos textos.

¿Cuándo hacerlo? En cualquier momento de nuestras vidas, siempre que tengamos oportunidad.

Personalmente suelo usar una frase a modo de chascarrillo “Yo tonteo hasta con las farolas” y es que, eso es precisamente lo que debemos hacer, desplegar nuestras armas de seducción con toda la gente que nos rodea.

A pesar de que no alberguemos intenciones, serán momentos ideales para poder comprobar cómo reaccionan las otras personas nuestros “encantos”, y así, poder ir cultivando aquellos que mejores resultado nos ofrezcan.

Un buen momento, es cuando vamos a tomar un café, con la camarera que nos atiende. Ser agradable con ella, sonreír (siempre sonreír), actuar siempre con educación, ofrecer una frase divertida, halagadora, simpática, una mirada traviesa, un gesto que le robe una sonrisa...

El entrenamiento hará que aumente el conocimiento de nosotros mismos y nuestra autoestima. Disfruta entrenando y no tardarás en comprobar los beneficios.


domingo 4 de diciembre de 2011

Una noche para tres



Esa noche nuestras intenciones eran otras, sin embargo, en ocasiones, da la impresión de que es el destino el que toma decisiones por ti.


Estábamos en Fusión, traviesos, con ganas de jugar. Nos habíamos acomodado para tomar una copa mientras charlábamos y de repente él se acercó.

Nyeri ya se había fijado, lo cual no era de extrañar, ya que el chico tenía muy buen aspecto, un cuerpo bien formado, marcado y atractivo.

Cuando se presentó e inició la conversación con nosotros, pudimos comprobar que además era muy agradable y educado, por lo que estuvimos charlando un buen rato, mientras comprobábamos que la complicidad entre los tres iba creciendo.

Podía notar como a Nyeri el chico le agradaba, por lo que propuse acomodarnos en algún rincón del local y continuar charlando allí.

Como decía antes, la complicidad era patente, y nada más acomodarnos en la cama, Nyeri nos sorprendió cuando al quitarse el vestido, lució un precioso corpiño granate que combinado con el resto de su lencería, nos fascinó. La acomodamos entre nuestros brazos y nuestras caricias y besos comenzaron a fluir.

Comenzamos a besarla, mientras yo recorría sus hombros y su cuello con mis labios, el chico acariciaba sus piernas y comenzaba y sus bocas comenzaron a jugar. Nyeri nos correspondía, sus manos navegaban entre los dos cuerpos, explorándolos, jugando con ellos.

Podíamos notar como ella se iba entregando y abandonando cada vez más a nosotros. Mis besos bajaron por su espalda hasta llegar a su precioso culito, donde me entretuve mientras ella, agachándose cada vez más acabó por fin saboreando el sexo de nuestro invitado.

Yo jugueteaba por detrás, y disfrutaba de sus primeros y suaves gemidos. Me vuelve loco oír como comienzan y como cada vez se tornan más intensos y acelerados.

Nos recostamos los tres juntos y nos dedicamos a ella. Yo no tardé en bajar con mis labios a saborear su excitación, y el no tardó en volver a ofrecerle su erección. Nyeri la recibió con agrado, dedicándose a ella en ocasiones de manera pausada, como saboreando cada centímetro que introducía en su boca y en otras ocasiones de manera lasciva, comiéndosela casi con ansia mientras le miraba a los ojos con esa mirada que dice:

- Mira como me la como. Mira lo zorrita que soy….

Yo no podía aguantar más la visión de Nyeri entregada a nuestros deseos, gimiendo cada vez más, por lo que sin pensarlo me alcé y comencé a follarla sin mesura.

Continuamos jugando, ella nos dejaba hacer, disfrutaba. Él y yo nos turnábamos, cambiábamos de posiciones hasta que finalmente, mientras mi lengua jugaba con sus labios más íntimos, ella masturbaba a nuestro invitado y uno o dos espontáneos comenzaron a sobar sus pezones, estalló por fin en un impresionante orgasmo.

Nos relajamos primero entre caricias y tomando otra copa y poco después acomodándonos de nuevo en otra de las camas donde continuamos compartiendo y comentando algunas experiencias vividas.

Mientras hablábamos, volvíamos a acariciar a Nyeri, ella nos correspondía suavemente.

A nuestro invitado le encantaba escuchar las excitantes experiencias que ella le contaba, y podíamos comprobarlo observando como su excitación iba creciendo entre las palabras y las caricias de Nyeri.

La situación era agradable, tranquila y relajada, por lo que bajé lentamente y me acomodé para besar de la misma manera su sexo.

Todo progresaba lentamente, la excitación iba creciendo de manera calmada, Nyeri continuaba susurrando sus aventuras a nuestro invitado mientras su mano acariciaba su polla lentamente. Yo desde más abajo, continuaba escuchándola, y en ocasiones al levantar la vista, podía observar como se besaban, como él en ocasiones le decía lo que le excitaba escucharla, y como se la ofrecía de vez en cuando para que ella pudiera saborearla.

De repente oí a Nyeri susurrarle:

- Estoy deseando que me folles…

Me encantó no solo oírlo, sino el deseo con el que se lo dijo, por lo que me retiré y pude observar la cara de placer que puso cuando él se la metió casi de golpe.

Me excitaba ver como se deleitaba con las embestidas de nuestro invitado mientras yo follaba suavemente su boca.

Sin embargo, en ese momento, me di cuenta de que lo que más me apetecía no era participar, sino disfrutar de la imagen de Nyeri follando con un desconocido que le estaba ofreciendo un placer más allá de un simple polvo de local.

Me retiré un poco y me acomodé mientras me acariciaba con suavidad. Observaba como se follaban, como ella le pedía más, como le decía:

- Joder, me duele, pero me gusta… Sigue!!!

Como se besaban, bueno, en especial, como le besaba ella. Me encantaba verla entregada a un chico que de verdad le gustaba, como le acariciaba, como en ocasiones se volvían completamente obscenos y Nyeri le mordía con fuerza los pezones y como en ocasiones se follaban con calma, con besos y caricias suaves.

Por fin nuestro invitado estalló en un gran orgasmo y en cuanto cayó rendido al lado de Nyeri, le tomé el relevo.

No solo fue que Nyeri me lo pidiera, mi excitación había ido creciendo y creciendo mientras les observaba, así que no pude contenerme. Ella estaba en pleno clímax tras el orgasmo de nuestro invitado, por lo que comenzamos a follar descontroladamente hasta que por fin estallé dentro de ella y nos fundimos en un tierno beso.

Reposamos nuestro placer entre charla, caricias y una última copa para hidratarnos hasta que por fin nos despedimos de nuestro inesperado invitado y nos retiramos a casa.

Ya habíamos jugado en otras ocasiones con terceros, y siempre me ha vuelto loco verla disfrutar, pero nunca habíamos hecho un trio con un chico solo. Este fue el primero y cuando lo recuerdo, las imágenes con las que más me recreo, son aquellas en las que veo a Nyeri contenta y disfrutando en todas sus facetas.


domingo 13 de noviembre de 2011

45 Minutos y algo más "Desenlace" (Por Nyeri)

Después de suplicarle varias veces, de intentar convencerle para que me follara, de desesperarme porque no sonaba la alarma y de tener que controlar mis manos para que no me castigase parando esos segundos interminables, la alarma sonó.

Él no se lo pensó, me penetró tan fuerte como pudo. Ahora se movía, fuerte, rápido. Estuve a punto de entregarme por completo, deseé ese momento durante 45 minutos que se hicieron eternos, ahora podía conseguir el orgasmo que tanto codiciaba, sólo debía dejarme llevar, disfrutar de sus embestidas y esperar mi merecido premio.

En un momento de lucidez vinieron mis palabras a la cabeza.

“Esta me la vas a pagar…”

- Para!! Dije poniendo mis manos en su pecho.

- No!

- Vamos a la habitación! Insistí

- No, quiero follarte aquí.

- Ven, quiero hacerte algo.

La curiosidad le pudo y se dejó llevar.



Se tumbó en la cama, saqué las esposas del cajón y se las puse. Después busqué un antifaz y se lo coloqué.

Me aseguré de que no viese nada, no quería que supiese cuales era mis intenciones.

Me senté en el borde de la cama y empecé a acariciar su polla, con la otra mano tocaba su culito y cuando empezaba a sentir su erección la metí en mi boca.

Comencé a lamer, cada vez más rápido, una mano acompañaba mis movimientos , mientras la otra exploraba su culito.

Poco después paré el ritmo para coger algo que tenía en la mesita de noche.

Unté crema en un consolador. No paraba de masturbarle mientras acerqué la puntita a su culito y empuje con cuidado.

- Así? Te gusta así? Te lo meto más? Pregunté

- No, así está bien

Volví a pasar mi lengua por su polla, a saborear su miembro duro y a mover el consolador penetrando en él sólo lo justo para no provocar sus quejas.

La intención no era hacerle sufrir, aunque se lo hubiera merecido. Sólo quería que disfrutase y viéndole disfrutar hacerlo yo también. Mi premio podía esperar.

Él no me veía, no podía tocarme, sólo tenía que entregarse al placer, imaginar mil situaciones morbosas y excitarse con cada movimiento que mi boca le regalaba y que mis manos le ofrecían.

A veces comía su polla con intensidad, otra veces detenía el ritmo para ir más despacio, sentía como su erección respondía a los cambios, cómo sus gemidos iban y venían, cada vez más fuertes, más intensos y más duraderos , hasta que el placer acumulado quiso salir y explotó en mi boca.

Me senté en la cama, le quité las esposas y el antifaz y esperé unos segundos para que se recuperase. Le besé agradeciéndole lo que me había hecho disfrutar, conseguir un orgasmo suyo en mi boca es un verdadero regalo para mí.

Me tumbé a su lado, acariciaba su pecho mientras él recuperaba el aliento . Llevábamos más de una hora dedicados exclusivamente a darnos placer, él ya había saciado su deseo y ahora me tocaba a mí.

Se colocó a la altura de mis caderas, agarró fuertemente mis piernas y hundió su boca en mi sexo húmedo. Su lengua se movía dentro de mí, sus dedos también. Empezó a acelerar sus movimientos, cada vez más, hasta que paró bruscamente y se dedicó a hacerme sufrir de nuevo.

- Nunca te lo han comido a cámara lenta? Me dijo conociendo de antemano mi respuesta.

- No, prefiero rápido, por favor.

Pensaba que iba a seguir jugando conmigo, con mis deseos y con mi placer, pero él sabe cuando hay que parar y así lo hizo. Volvió a moverse cada vez más rápido, metiendo sus dedos en mi coño, chupándome y volviéndome loca. Sentía como se acumulaba el placer cada vez más intenso, más penetrante y no tardé en estallar en un orgasmo largo e intenso .